02- Prevención: Los principios de la acción preventiva

El artículo 15 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales recoge los llamados Principios de la acción preventiva, esenciales para cumplir con el deber general de prevención:

  1. Evitar los riesgos. Un consejo sencillo pero sorprendentemente eficaz, si evitamos riesgos, evitamos accidentes. Por eso es importante identificarlos.

  2. Evaluar los riesgos que no se puedan evitar. Evidentemente, nuestra actividad laboral, en el sector metalúrgico, igual que en la esfera privada, supone convivir con riesgos, cruzar una calle ya introduce algún riesgo, por lo que es importante evaluar aquellos riesgos con los que debemos convivir para poder minimizar la probabilidad de que nos ocasione algún daño.

  3. Combatir los riesgos en su origen. Es mucho más efectivo actuar sobre la fuente del riesgo; si una máquina, por ejemplo, emite gases que puedan ser perjudiciales, siempre será más sencillo captar estos gases desde su origen que combatirlos una vez estén en el ambiente.

  4. Adaptar el trabajo a la persona, en particular en lo que respecta a la concepción de los puestos de trabajo, así como a la elección de los equipos y los métodos de trabajo y de producción, con miras, en particular, a atenuar el trabajo monótono y repetitivo y a reducir los efectos del mismo en la salud

  5. Tener en cuenta la evolución de la técnica. Muchas veces aparecen instrumentos más sofisticados que permiten un trabajo más confortable, eficaz y seguro.

  6. Sustituir lo peligroso por lo que entrañe poco o ningún peligro.

  7. Planificar la prevención, buscando un conjunto coherente que integre en ella la técnica, la organización del trabajo, las condiciones de trabajo, las relaciones sociales y la influencia de los factores ambientales en el trabajo.

  8. Adoptar medidas que antepongan la protección colectiva a la individual. Si una máquina hace un ruido perjudicial, es mejor apantallarla que colocar tapones o cascos a cada uno de los operarios.

  9. Dar las debidas instrucciones a los trabajador/a. Porque a veces se corren riesgos por desconocimiento, al ignorar el riesgo en la realización de alguna tarea; conocer perfectamente los que vamos a hacer y sus riesgos es una prevención eficaz.

El empresario/a en este contexto deberá tomar en consideración las capacidades profesionales de los trabajadores/as en materia de seguridad y de salud en el momento de encomendarles las tareas.

El empresario/a adoptará las medidas necesarias a fin de garantizar que sólo los trabajadores/as que hayan recibido información suficiente y adecuada puedan acceder a las zonas de riesgo grave y específico.

La efectividad de las medidas preventivas deberá prever las distracciones o imprudencias no temerarias que pudiera cometer el trabajador/a. Para su adopción se tendrán en cuenta los riesgos adicionales que pudieran implicar determinadas medidas preventivas, las cuales sólo podrán adoptarse cuando la magnitud de dichos riesgos sea substancialmente inferior a la de los que se pretende controlar y no existan alternativas más seguras.

Estos principios elementales, son la base de toda acción preventiva. Los empresarios/as, antes de poner en marcha su actividad, han de examinar estos principios para adecuar la producción de bienes o servicios a estos mandatos esenciales y revisar continuamente su cumplimiento. Con la simple verificación de estos principios, ya se está dando un paso importante hacia una verdadera y eficaz cultura preventiva que, sin duda, reducirá incidentes y accidentes laborales.

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